Yates de lujo, ¿ocio o negocio?

Durante mis años de carrera trabajando en yates de lujo, siempre me preguntaba cómo alguien puede ver beneficio alguno en tener un yate de 50, 60 o incluso más de 100 metros de eslora para disfrutar de él durante un mes al año.

El simple hecho de mantener a flote un yate de estas características supone un desembolso económico de aproximadamente un 10% anual del valor del yate, es decir, si el yate le ha costado a su dueño 40 millones de euros, éste tendrá que desembolsar unos 4 millones de euros cada año para mantener tanto al yate como a la tripulación.

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Y, por muy increíble que nos parezca al resto de los mortales, hay personas a las que no les importa desembolsar estas cantidades de dinero para disponer de un ‘juguete’ del que disfrutarán sólo unas semanas al año.

Sin embargo, y como buenos empresarios que los dueños de estas embarcaciones suelen ser, también hay dueños de yates que se lo plantean como otro más de sus negocios. Un negocio muy beneficioso, por cierto.

Los yates de los que mi Blog habla son yates de un tamaño medio de 60 metros de eslora.

Alquilar uno de estos yates, semanalmente, cuesta alrededor de 350.000 euros (gastos de combustible, alimentación etc no incluidos)

Simplemente alquilando el yate durante 6 semanas al año, el dueño se embolsará más de dos millones de euros. Teniendo esto en cuenta, ahora sí podemos ver un poquito más razonable ser dueño de un yate de estas características, ¿verdad?

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Sin embargo, aún siendo un negocio de lo más fructífero, siguen siendo mayoría los dueños de yates que optan por no alquilar su yate y poder así disfrutar de él cuando y donde ellos quieran.

La semana de la Fórmula 1 de Mónaco, las regatas Les Voiles de Saint Tropez, el Festival de Cine de Cannes o el mes de diciembre en el Caribe son las fechas preferidas por estos billonarios para disfrutar de estas mansiones flotantes.

Porque no hay placer mayor en esta vida que poder presenciar la Fórmula 1 de Mónaco desde primera línea a bordo de tu megayate, con los pies en alto y copa de Champagne en mano.

Supongo que para todos mis ex jefes, ese momento superaba con creces a los millones de euros que desembolsaban cada año para poder disfrutar de ese placer.

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Espero que este post os haya gustado y que queráis seguir conociendo este apasionante mundo de los megayates de mi mano.

¡No dudéis en escribirme para lo que queráis y estaré encantada de ayudaros!

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JAMILA GARCÍA

Personal Concierge

www.jamilaellalaestrellaylamar.es

hola@ellalaestrellaylamar.es

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Mitos y realidades en yates de lujo

¿Cuál es la primera imagen que se os viene a la cabeza cuando alguien os habla de un yate de lujo?

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Exacto. Sé perfectamente en lo que estáis pensando ya que esa era la idea que yo tenía antes de conocer este mundo.

Un ‘gigoló’ sujetando una botella de un champagne muy caro y rodeado de mujeres despampanantes en bikini…¿He acertado?

Cierto es que el cine, por ejemplo, no ha ayudado mucho en este campo. Todos conocemos películas como ‘El lobo de Wall Street’, donde su protagonista se lo pasaba en grande en su yate (desastroso final incluido)

Pues bien, por supuesto que existen esa clase de yates donde, tanto huéspedes como tripulación, se rigen por la máxima ‘sexo, drogas y R&R’.

Muchas son las historias que amigos míos me han ido contando a lo largo de mis años de carrera donde relataban (algunos con estupor y otros no tanto) cómo los dueños del yate habían pasado la noche con numerosas prostitutas abordo, acabando con las reservas de champagne y consumiendo todo tipo de sustancias.

Además, cuando el único trabajo de ese pobre marinero es pasar sus jornadas laborales llevando la lancha del yate al puerto y del puerto al yate para recoger y dejar a las prostitutas de ese ‘turno’, dicho marinero sólo tiene dos opciones: aceptarlo y ofrecer a las prostitutas su mayor sonrisa, o no aceptarlo y buscar otro trabajo.

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De sobra conocidos son también los yates en los que, incluso alentados por su capitán, las tripulaciones pasan días y noches haciendo uso del jacuzzi del yate como si de su propiedad fuese, bebiendo y consumiendo todo lo que tengan a mano.

Desgraciadamente, muchos de esos casos han terminado en tragedia, y más de un tripulante (por no decir huéspedes) ha muerto fruto de esas noches de ‘sexo, drogas y R&R’.

Sin embargo, la industria de los yates de gran eslora no es demasiado grande. Todo tripulante que lleve trabajando en estos yates un mínimo de tiempo conoce perfectamente en qué yates pasan este tipo de escenas, y es su decisión trabajar en él o no.

En mi caso, siempre he tenido muy claro mi objetivo y por qué estaba trabajando en esta industria, y he tenido la suerte de trabajar en yates en los que los dueños, además de billonarios y poderosos, son personas de una tremenda clase, y jamás dejarían que en sus yates se produjesen determinadas escenas.

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Así que, como en casi todos los aspectos de nuestras vidas, los tripulantes de yates de lujo también podemos elegir nuestro camino. Si quieres conocer más a fondo este mundo, visita mi blog http://www.ellalaestrellaylamar.es

En él relato cómo viven los dueños de estas mansiones flotantes y lo que tenemos que hacer los tripulantes para cumplir con sus expectativas.

Texto y fotos: Jamila García / Personal Concierge

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hola@ellalaestrellaylamar.com

Cuando no es una opción decir “no”

En mi anterior post, os describí el frenético ritmo de trabajo que los tripulantes de yates de lujo tenemos día tras día.

Si bien absolutamente todos y cada uno de los huéspedes a bordo de este tipo de yates de gran eslora lo esperan y exigen TODO, hay huéspedes, y HUÉSPEDES.

Soy consciente de la gran expectación que este tema genera. A lo largo de mi carrera, la segunda pregunta más recurrente que todo el mundo me hacía era: ¿Cuál es la petición más excéntrica que te han hecho?

Pues bien, al principio TODO me parecía excéntrico. Os podéis imaginar que para una chica que ha crecido en un pueblo, que acaba de terminar la carrera y que nunca se ha movido antes en círculos de este nivel, el simple hecho de estar trabajando y viviendo en un yate de este tipo, ya es excéntrico.

Después de todos estos años trabajando para estas fortunas, podría decir que cuando se alcanza un cierto nivel, estratosférico e inimaginable para el resto de los mortales, poco o nada de lo que te ofrezcan te resultará suficiente.

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Los tripulantes trabajamos durísimo de sol a sol (literalmente) para encontrar la manera de sorprender y contentar a nuestros huéspedes cada día.

Si el dueño del yate nos pide a las 4 de la madrugada que le sirvamos a él y a sus invitados caviar de beluga acompañado de la mejor botella de Champagne Cristal que haya a bordo, lo hacemos.

Si nos pide que enviemos el avión privado de las Bahamas, donde nos encontramos, hasta París, ya que la única carne que le gusta es la carne que encuentra en un determinado mercado de París, lo hacemos.

Si su esposa nos pide que vayamos a pagar la cuenta de 50.000 euros que ha dejado en una cierta tienda de Porto Cervo, lo hacemos.

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Estos son sólo algunos de los ejemplos reales que yo he vivido en primera persona. Por supuesto, la primera vez que me hicieron una petición de este tipo, aún intentando disimular, los ojos se me abrieron como platos, sin embargo, conforme pasa el tiempo y te empapas de ese estilo de vida, ya casi nada te resulta sorprendente.

El valor de compra medio de un yate como en los que yo he tenido la suerte de trabajar es de unos 40 millones de euros, aproximadamente, y su valor de alquiler semanal, de unos 400.000 euros. Por lo tanto, partiendo de esta base, la palabra “no” se borra automáticamente de nuestro vocabulario.

Si os ha gustado este post no dudéis en seguir mi blog www.ellalaestrellaylamar.es donde encontraréis todos los secretos acerca de este apasionante mundo.

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JAMILA GARCÍA

Personal Concierge

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Trabajar, vivir y navegar a bordo de un yate de lujo, pero ¿cuál es exactamente tu trabajo?

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Jamila García

Ésta es la pregunta que más me han hecho durante los últimos casi siete años de mi vida. Cuando en el año 2010, a punto de acabar el máster en Madrid, trabajando como camarera para poder pagar el alquiler e imaginándome un futuro no muy brillante gracias a la temible crisis, me surgió la oportunidad de empezar a trabajar como azafata en un yate de gran eslora, no tenía ni la más remota idea de cómo cambiaría mi vida.

Hoy, casi siete años más tarde, puedo decir que gracias a esa oportunidad he viajado por todo el mundo, siendo la mano derecha de las personas más poderosas del planeta y, por si esto no fuese suficiente, lo he hecho a bordo de los yates más espectaculares que existen.

Desde las cristalinas aguas de las Bahamas, el exclusivo puerto de St. Barths, el genial Canal de Panamá, pasando por las gélidas aguas del Atlántico, el siempre majestuoso Monte Carlo, o el mítico Capri, el halo de exclusividad y lujo que rodea a un yate de gran eslora, envuelve tanto a sus tripulantes como a sus invitados de una manera que te atrapa y hace que desde el minuto uno, lo ames.

La vida dentro de estas “mansiones flotantes” se desarrolla a un ritmo frenético para sus tripulantes. Colocar con la máxima precisión la vajilla de Raynaud, abrillantar la cubertería de Christofle, pulir las copas de Baccarat y asegurarse de que la mantelería de hilo está perfectamente planchada para sorprender a los dueños de estos yates cada mañana son algunos de los trabajos a los cuales la tripulación dedicamos largas horas cada día.

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No existe en este trabajo ni un solo minuto que no esté dedicado a atender todas y cada una de las peticiones que los dueños del yate realicen.Todo esto se traduce en larguísimas jornadas laborales en las cuales los tripulantes habremos atendido a grandes empresarios, dignatarios y personalidades de los más diversos ámbitos, siempre con una gran sonrisa en la cara.

Al final del día, podemos irnos a descansar con el placer de haber satisfecho todas sus demandas a la perfección. Cuando las vacaciones de los dueños del yate terminan, empiezan las nuestras y cual billonario, el tripulante podrá disfrutar de una copita de Cristal en el Casino de Mónaco, un trocito de tarta Tropézienne en el puerto de Saint Tropez o una cena en el maravilloso Porto Cervo. Pequeños grandes placeres que hacen que todas esas horas de duro trabajo se olviden y nos hacen sentir como los trabajadores más afortunados del mundo.

Espero que este aperitivo de cómo es la vida de un tripulante en un yate de lujo os haya gustado y sigáis introduciéndoos en este apasionante mundo en el que tanto os queda por descubrir.

Autora: Jamila García / Personal Concierge
(www.ellalaestrellaylamar.es)
hola@ellalaestrellaylamar.es