Cuando no es una opción decir “no”

En mi anterior post, os describí el frenético ritmo de trabajo que los tripulantes de yates de lujo tenemos día tras día.

Si bien absolutamente todos y cada uno de los huéspedes a bordo de este tipo de yates de gran eslora lo esperan y exigen TODO, hay huéspedes, y HUÉSPEDES.

Soy consciente de la gran expectación que este tema genera. A lo largo de mi carrera, la segunda pregunta más recurrente que todo el mundo me hacía era: ¿Cuál es la petición más excéntrica que te han hecho?

Pues bien, al principio TODO me parecía excéntrico. Os podéis imaginar que para una chica que ha crecido en un pueblo, que acaba de terminar la carrera y que nunca se ha movido antes en círculos de este nivel, el simple hecho de estar trabajando y viviendo en un yate de este tipo, ya es excéntrico.

Después de todos estos años trabajando para estas fortunas, podría decir que cuando se alcanza un cierto nivel, estratosférico e inimaginable para el resto de los mortales, poco o nada de lo que te ofrezcan te resultará suficiente.

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Los tripulantes trabajamos durísimo de sol a sol (literalmente) para encontrar la manera de sorprender y contentar a nuestros huéspedes cada día.

Si el dueño del yate nos pide a las 4 de la madrugada que le sirvamos a él y a sus invitados caviar de beluga acompañado de la mejor botella de Champagne Cristal que haya a bordo, lo hacemos.

Si nos pide que enviemos el avión privado de las Bahamas, donde nos encontramos, hasta París, ya que la única carne que le gusta es la carne que encuentra en un determinado mercado de París, lo hacemos.

Si su esposa nos pide que vayamos a pagar la cuenta de 50.000 euros que ha dejado en una cierta tienda de Porto Cervo, lo hacemos.

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Estos son sólo algunos de los ejemplos reales que yo he vivido en primera persona. Por supuesto, la primera vez que me hicieron una petición de este tipo, aún intentando disimular, los ojos se me abrieron como platos, sin embargo, conforme pasa el tiempo y te empapas de ese estilo de vida, ya casi nada te resulta sorprendente.

El valor de compra medio de un yate como en los que yo he tenido la suerte de trabajar es de unos 40 millones de euros, aproximadamente, y su valor de alquiler semanal, de unos 400.000 euros. Por lo tanto, partiendo de esta base, la palabra “no” se borra automáticamente de nuestro vocabulario.

Si os ha gustado este post no dudéis en seguir mi blog www.ellalaestrellaylamar.es donde encontraréis todos los secretos acerca de este apasionante mundo.

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JAMILA GARCÍA

Personal Concierge

www.ellalaestrellaylamar.es

hola@ellalaestrellaylamar.com

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