R. Relojes de pulsera: ¿Cuáles son sus elementos?

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Recientemente se celebró en Ginebra la 26 edición del Salon Internacional de Alta Relojería (SIHH), el certamen más importante del mundo en el que participan las firmas más exclusivas y que organiza la Fondation de la Haute Horlogerie. En esta ocasión fueron 16 las marcas que mostraron en los salones de Palexpo sus últimas creaciones. Aprovechando este certamen, creemos oportuno iniciar una serie de artículos sobre uno de los productos más vinculados con el mundo del lujo y de la moda: los relojes de pulsera. Comenzaremos por explicaros cuáles son los diferentes elementos que forman un reloj de pulsera. De esta forma podréis entender mejor las características técnicas de vuestros modelos favoritos y sabréis qué es el bisel o el dial.
Los relojes de pulsera son un invento de finales del siglo XIX ya que tradicionalmente los relojes se llevaban en el bolsillo, sujetos con una cadena que impedían su pérdida o robo. Fueron los primeros aviadores los que tuvieron la idea de sujetarse el reloj de bolsillo en el brazo o en la pierna mediante una correa, de esta manera podían ver la hora en cualquier momento sin tener que buscar el reloj en el uniforme. Hay que tener en cuenta que en los primeros años de la aviación, los aparatos carecían de instrumentación y de cabina. Con el paso del tiempo el uso de los relojes en la muñeca fue popularizándose, por lo que los fabricantes comenzaron a diseñarlos de manera específica para ser llevados con correa de piel o pulsera metálica.
Así pues, la pulsera o correa es una de las partes fundamentales de este tipo de relojes, ya que es la que le da el nombre. En la actualidad, la correa se elabora con diferentes tipos de piel -principalmente natural, pero también sintética-  o con materiales como el caucho o el plástico. Las pulseras metálicas cuentan con eslabones que permiten que el reloj se ajuste perfectamente a la muñeca y se elaboran tanto en acero como en metales más valiosos, como el oro o el platino.

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Imagen de relojdemanoavances.blogspot.com.es

El cristal es la parte que cubre la cara del reloj y en la actualidad se suele realizar con zafiro resistente a los arañazos y con tratamiento antireflejos para facilitar la lectura de la hora, aunque en los modelos más básicos se pueden emplear otros materiales como plástico o vidrio.
Por debajo del cristal encontramos el dial, que es la cara del reloj, es decir, la superficie sobre la que sitúan los índices horarios,  los números y el logo y marca del fabricante. Es una parte fundamental en el aspecto estético porque el color y diseño del dial marcan el conjunto del reloj.
Entre el cristal y el dial se sitúan tres piezas importantes: las agujas, manos o manecillas. Son los ‘palitos’ anclados en el centro que giran alrededor del dial para indicar las horas, los minutos y los segundos. En el caso de modelos con varios diales (segundero, cronógrafo, calendario…) el número de manecillas será mayor, girando cada una de ellas en su correspondiente dial.
El bisel es un anillo que rodea el reloj y sobre el que se asienta el cristal. En modelos deportivos se utiliza como tacómetro y es una pieza giratoria. Habitualmente, en los reloj de gama alta el bisel incorpora piedras preciosas, principalmente diamantes.
La corona es la ‘ruedecita’ situada en un lateral del reloj -casi siempre a las ‘3’ en los modelos de pulsera y a las ’12’ en los de bolsillo- que se utiliza para poner el reloj en hora, modifical la fecha o darle cuerda al reloj si se trata de un modelo no automático o de pilas. Para utilizarlo se extrae ligeramente la corona para liberarla y al hacerla girar se mueven las manos o el calendario. Como ocurre con el bisel, algunos fabricantes sitúan en la corona una piedra, por ejemplo un zafiro, y otros aprovechan para distinguirlo con el logo de la firma.

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Todo lo que hemos visto hasta ahora es la parte externa y visible del reloj, pero el corazón de todos los modelos late en la caja, que es la cubierta de metal en la que se sitúan las piezas internas, es decir, el mecanismo. La caja o caso del reloj está formada por la carrura, a cuyos extremos van las asas donde se insertan la pulsera o la correa, y la tapa, que se sitúa en la parte inferior y que como su propio nombre indica se encarga de tapar y proteger el mecanismo. La tapa suele ser metálica, pero hay modelos que la llevan de cristal o de otros materiales transparentes que permiten ver el mecanismo en funcionamiento.
El mecanismo está formado por los órganos internos que componen el reloj y forman parte de él, entre otras muchas piezas, el motor, constituído por el muelle enrollado dentro del barrilete; el rodaje, compuesto de las ruedas remachadas en sus piñones; el escape, mecanismo que mantiene las oscilaciones del órgano regulador, que es un volante con espiral que se encarga de mantener la marcha del mecanismo durante 24 horas, con una reserva de seguridad de marcha de 10 a 12 horas.
La energía del reloj puede tener su origen en el muelle al que ‘damos cuerda’; también puede cargarse de manera automática, aprovechando el movimiento de la muñeca; o bien puede ser alimentado el reloj por una diminuta pila.
En este artículo os hemos explicado las partes fundamentales de un reloj de pulsera, pero cada modelo, incluso los más sencillos, están formados por decenas de diminutas piezas que conforman un todo. Podéis ampliar la información en las siguientes direcciones:

http://www.inforeloj.com/

http://www.fhs.ch/berner/?l=es

http://www.hautehorlogerie.org/en/

En próximas entradas os explicaremos otros aspectos de los relojes de pulsera, como los diferentes tipos de modelos, las marcas más prestigiosas, la alta relojería, etc.

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